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La playa de Huanchaco es un lugar singular. Es uno de esos paraísos perdidos en el mundo, que han subsistido al tiempo. Es una pequeña bahía vigilada desde un farallón por una imponente iglesia colonial, con un fascinante y centenario muelle que reta complaciente al suave oleaje.
Aquí se conserva el uso cotidiano del caballito de totora, la más antigua nave marítima de América y los pescadores locales mantienen los usos y costumbres empleados desde el inicio de la historiadel hombre en esta parte del Pacífico sur.
El espectáculo de los caballitos saliendo a la mar, como verdaderos corceles acuáticos, es inolvidable. El mar levanta sus tibias olas y cobija a bañistas y surfistas que surcan las aguas, junto a las milenarias naves de los chimús y de los incas, con una fraternidad que recrea el encuentro cordial de la historia antigua con el presente moderno.
Y así, los visitantes y los lugareños comparten ese incomparable escenario que es Huachaco, ubicado muy cerca de la ciudad de Trujillo del Perú. El clima es cálido y como los pescadores artesanales proveen de peces siempre frescos, la gastronomía del lugar es otro de sus encantos.
Los satisfechos visitantes recorren los restaurantes típicos que ofrecen las delicias de la comida peruana, tan variada y atractiva y más aún si a eso se añade al placer de comer frente al mar. Y así, entre los visitantes se hace común una frase. Ellos suelen decir: “llevaremos siempre a Huanchaco, en nuestro corazón”.
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